Matria dulce,
casa perdida mía.
He llegado desde el resplandor
del templo que habita el escombro.
Mataría al horror y te lo ofrendaría
de no ser porque llevaba la misma letra
con la que encarné amanecer tras amanecer,
mientras ahí estuve.
Tú me has traído de vuelta a tus entrañas.
Ya tengo otra vez una voz propia
para cantarte.
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