Encubro mi debilidad
forajida de mi propio ánimo.
Vuelas hacia dentro
hacia dentro,
yo no lo grito porque es mío
el proceso de esclavitud
de mi ser a tu nombre.
Que me quede libre la dignidad
de soñar que soy de hierro
-aunque ambos sepamos lo contrario-.
Y en esta soledad marchita de junio
yo te pregunto
si las rosas también crecen los martes
-como hoy-
y es posible creer en la belleza de abril.
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