Amante tierra en añiles y plúmbagos,
dile a mi hombre
cuánto me palpita su insomnio
en la palma de mi juventud y mis manos.
Hazlo en silencio,
dale la tibieza
de su cama cuando era un niño
y yo saltaba dimensiones
para llegar impuntual
y siempre enamorada de su piel.
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