Maldita sea la hora
en que dimití mi fuerza
y finqué mi paz
en la espera de tu alma y tu carne.
Soy una muñeca de trapo:
demasiadas cosas han pasado
y yo ya no me siento en el punto exacto
para hacerte vibrar.
Arrincóname otro poco,
cuéntame cómo hubiera sido
la alegría inconmesurable
de nuestros días juntos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
¡Haz ruido y escríbeme algo! No pasa que tu sonido no se armonice con el mío.