Que el sustrato étnico o etérico
televisivo o político
morfológico-axial
se vuelva a atrever jamás
a desorientar las estrellas.
Las manos son todas unas,
y el suelo nos cobija a todo este millón de luceros
que somos los ojos de este planeta
que cree ser voyeur, cuando en realidad,
es exhibicionista.
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