Cuando le palpiten a Andrómeda los pechos
y salga un camino dulce
por donde transitar este amor que me vuelve ciega y loca
entonces, señor de luz y condominio triste,
yo escribiré cuentos y leyendas
que hablen de la fuerza de sus ojos,
su cansancio y su síndrome de sabio en siglo de orangutanes,
su ternura inmensa contrastante con mi austeridad de delicadeza femenina
en mi teclado y en mi corazón.
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