Eras diáfano como el cielo de tundra bajo tus pestañas/ yo escuché la palabra paz con tu áurea cara/ mucho más fuerte que el silencio enterrador de mis raíces/ es la alegoría de la fortuna animada/ entre los cantos de un vestido que cubrió mis lágrimas desde tu nombre.
Luego la señal se perdió/ y seguimos siendo polos norte y sur/ sin saber que ya nos ha burlado el tiempo.
La venganza persiste/ mientras te proclame en la humedad de mi pared desnuda.
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