Dos nubes y el espacio que resulta entre ellas
regala un millar de hijos asustados, resbaladizos,
acorralados en el trueno del beso deidífico;
Y tú y yo y otro poeta más piensa lo mismo
y los tres lo decimos de manera diferente
como si la asimetría fuera jugar a ser el mismo
a cantar a lo incantable
a perder el tiempo entre lo silente
a jugar por jugar
mientras nos carga la fregada
de tanto sentimiento que nos absorbe
como la lavadora que hace un mes que no tocamos.
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