No me mires verde,
dios andariego y no vencido.
Nadie sabe a dónde viajan las estrellas,
mis hermanas, tus amantes.
Probablemente pensarías
que es incierto
el que las imagines desde mi cuerpo
navegantes sobre las hojas de los abedules.
El espíritu amordaza
el prejuicio de Cronos,
detrimento de una brecha generacional
que colapsó hasta que uno de sus extremos
sintiose volcán fuego muy adentro
y también mar turquesa
y quizá coro místico-galáctico-angelical.
Ahora podemos permitir
que Afrodita y Eros
se apoderen
de nos.
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