Dicen que la vanidad
rompió el casco de la templanza.
A lo mejor por eso
te vi, mujer, encimismada e ingrata.
A lo mejor por eso
te sentí, otoñal caballero,
creyéndote dueño de las Pléyades
y galaxias aledañas.
Ah, qué chulo es vivir aquí,
donde los egos convergen
y la memoria no existe
porque desengaña.
Dicen que la vanidad
rompió de un tajo la esperanza.
A mí más bien me divierte
que a pesar de todo
yo siga creyendo en el amor.
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