Tengo pinceles
en los dedos y en los labios;
tengo cinceles en sus yemas
y tengo pinturas en mis manos.
También tengo crédito abierto
en el almacén de la imaginación
a piel descubierta y poco serena:
te recompongo tus piezas
dibujándote, esculpiéndote
y pintándote
a mano alzada,
como la voz que nunca se me apaga
como este amor que nunca se muere
aunque me mantenga medio ajena.
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