La costumbre en mí
es ser ola sin arena
ocasionar huracanes
apenas mis ojos se despiertan
girar los mapas
gritar que soy libre
sea o no feliz.
También es mi costumbre
quemar sin proponérmelo;
se llama síndrome del entusiasmo
lo padezco desde pequeña:
nada tiene límites
acaso la soledad
y una que otra desazón
en la negra noche amedrentan.
Solía lamentar mi legado planetario
ahora sé que no tiene caso hacerlo.
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