No tengo otra moneda
para pagar tu sonrisa
excepto estas manos agrietadas
por la tierra de este día
y las uñas que retumban
en el teclado de mi poesía.
Mis versos no son nada
sin tu voz
sin tus ojos
sin el tiempo que te gastas
recorriéndole
los pechos, la cintura,
los muslos, los pies, el cabello,
el alma y el corazón
a estos poemas que para tí yo canto
niño mío amado,
gorrión que eleva a trascendental
el tránsito de cada mes.
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