Ámame ahora que la dulzura
me abre las puertas
al útero de la tierra
para hundir mi sombra
y regalarte sólo flores.
Ámame porque sí,
porque eres un hombre
que se encuentra maravillado
desde que mi cuerpo, enfebrecido
baja caricias del cielo
y te unta su ámbar.
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