Paraísos prometidos no.
Si ya tengo noticia de tu cuerpo
la coordenada de tu axila
tu epicentro y la planta que te sostiene.
Éter. Yo, mi deseo.
Así llegaría en esta hora febril
hasta tocarte
seas mil hojas o un expresso
la fotografía de la tarde central
inscrita en tu mirada.
Que no me venga el tiempo con una palabra
para intentar enganchar mi soledad
con los segundos que son retratos
que son imaginados que están postergados
y no resuelven dentro de mí
esta sequía que se me impone
a pesar de los rezos
a pesar de los cantos.
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