Recibí tu perfume
desde el bosque donde nació mi gran abuelo.
Llegó a mis manos
envuelto en tu risa transparente,
caleidoscopios risueños
sonaban en su interior.
Y así fue como disolviste
la penumbra.
Y de esta manera te erigiste
como la piedra preciosa
que creí no volver a ver en mi vida.
Ruego a los dioses de la tierra que te nutre
protejan tu aura
y te regalen la dicha.
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