Qué marasmo resuenas,
calle alta, noticia estridente.
Qué podredumbre en el centro
de tu universo marchito.
Qué ganas de volverse loca
a pesar de la inocencia del pasto
y la virtuosidad de la tierra y el cielo.
Señor, yo no he sido digna
de tantas y tantas palabras.
Pero quiero creer que es posible
entregarte mi lacerado corazón.
No, jamás, no hay adoración posible, sólo lleva a la muerte.
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